UNA
PALABRA APENAS
Manuel
Jiménez Trujillo
Una palabra apenas. Una sola palabra
que en la quietud espesa de mis
silencios, abra
mil círculos concéntricos; una sola
siquiera
con que estas realidades se empapen de
quimera.
Una palabra apenas, nada más que una
sola
que ruede por mi angustia tal como una
corola
sobre el campo invernoso; una palabra
apenas
que llene de armonías el ritmo de mis
venas.
Tu voz de hechicería cruce mi
desconsuelo,
(fuego fatuo en la eterna desolación
del hielo)
abra a mis ojos pávidos horizontes
ignotos
y un perfume sonámbulo de camelias y
lotos,
de visiones lontanas y de tiempos
mejores
eche a volar por cimas de todos los
dolores.
Ella persista leve como un eco sagrado
vibrando en mis instantes dolidos de
pecado;
marque las horas grávidas que desata el
hastío
como desata ensueños en una canción el
río;
airón glorioso y blanco de crespos
terciopelos
colúmpiese en la cima de todos mis
anhelos;
hebra de luz que finge ser un reptil
sonoro
anude en esta sombra sus crótalos de
oro;
lira, tormenta, verso, trino, canción,
gemido,
floten por este ambiente que anocheció
de olvido.
En los trémulos ecos de tu voz
encendida
péndula ha de quedarse para siempre mi
vida;
dame tu voz litúrgica y unciosa y
perfumada,
como la brisa tónica de fresca madrugada;
dame tu voz y en ella como cálido vino
la embriaguez semilúcida que aliviana
el camino.
Una palabra apenas, una sola siquiera
con que estas realidades se empapen de
quimera.
JIMÉNEZ TRUJILLO, MANUEL (Amalfi,
Antioquia, 1900; Medellín, 1965). Estudió en la Normal de Varones. Maestro,
pues, y periodista: redactor de El Espectador y colaborador de diarios y
revistas de Paraguay, Brasil y Bélgica. Ganó orquídea de oro en Medellín. León
de Greiff lo llamó «romancero de América».
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